¿Cómo hablar de una obra que no se ha escuchado? ¿Qué mensajes transmitirá el concierto? ¿Cómo lo tomará el público? Comenzar a describir un concierto de obras inéditas es difícil debido a que no existe una forma de saber cómo sonará antes del concierto. Preguntar a los compositores antes de éste predispone a su público, ya que ellos quieren expresar algo a través de su obra, aunque para la audiencia se transmita otro mensaje.
Carlos Eduardo Escalante (1983), en su obra Sinfonía Nº 1: “Coraje: Genio Poder Y Magia,” inicia con un aire misterioso, usando crescendos para dar la ilusión de estar en un callejón oscuro, con el corazón palpitando descontroladamente a causa del miedo. También se notan sutiles reminiscencias de ritmos colombianos. El uso de disonancias es el factor común en la obra, con los bajos brillando por su énfasis y el concertino estando a punto de hacer gritar a su violín. La angustia es acentuada por el uso de trémolos en las cuerdas. Se logra ver el ingenio del compositor con los efectos que las cuerdas, la percusión y las maderas, con una nota sostenida por los trombones. Al final del primer movimiento, se nota síncopas en el bajo, tresillos y la imitación de un patrón melódico comenzando en diferentes notas.
El segundo movimiento (después se reveló que es el tercero) inicia con el uso de armónicos, produciendo un sonido muy agudo y penetrante. En principio se siente una tonalidad, pero no es más que un engaño al oído. Es un movimiento sobrecogedor, usando trémolos en crescendo y mucha fuerza en los bronces. También se nota la alternancia de la melodía entre el fagot, el clarinete, el trombón y el saxofón.
El tercer movimiento, originalmente el segundo, posee una estructura interesante, usando pizzicato en el principio. Usa el ritmo del bambuco, con la repetición de patrones rítmicos en los instrumentos de viento. La atonalidad le da una sensación macabra, aunque el ritmo cambia en la transición al del pasillo. El pizzicato regresa para señalar que el bambuco vuelve como ritmo predominante. Mas al terminar se siente un vacío; la obra no fue ejecutada en su totalidad.
Este vacío, y tal vez el desorden en la obra hizo que la composición de Escalante fuera recibida con cierta incertidumbre. Se reconoce el hecho que es sumamente exigente musical y técnicamente, tanto para los intérpretes como para el director. La obra en sí, como se dijo antes, es innovadora y recurre a elementos del folklore colombiano. Mas el desorden, el vacío y la sensación sobrecogedora que dio no lograron que esta sinfonía obtuviera más aclamación.
Por otro lado, la obra de Ian Frederick (1987), “Voces Nihilísticas” comienza con una introducción atonal en las cuerdas, dando paso a un allegro moderato. En este movimiento, los efectos en los cornos y el énfasis en tonos graves dan una atmósfera oscura, tal como entrar en una cueva con la sospecha de ser perseguido. Y dada la inclinación del compositor por la música cinematográfica, se podría pensar en una película de suspenso al escuchar este primer segmento.
El segundo movimiento, un scherzo, posee carácter de marcha, con imitaciones en el oboe, la flauta, el clarinete y la trompeta. Su carácter juguetón denota también un poco de peligro, como jugar con un lobezno; es tierno en apariencia y tan sólo un cachorro, pero aún así es salvaje. Al oírlo, suele llegar a la mente algo basado en Alicia en el País de las Maravillas.
Sin embargo, todo lo anterior palidece en comparación con el tercer movimiento: una passacaglia de enorme fuerza y belleza casi supraterrena, en fa sostenido lidio. Posee un inicio grave, anticipando el poder que contiene. La inclusión del arpa le da un aire melancólico, mientras la melodía se alterna entre el oboe y el fagot. A medida que el movimiento evoluciona, el ritmo cambia, y los cornos dan la sensación de querer elevarse en medio de una tormenta, o de un grito de guerra. El glöckenspiel da un toque de delicadeza en medio del poder que transmite esta pieza. El himno Dies Irae es la mayor inspiración para esta joya contemporánea que no desentonaría en una película épica. Con razón es el movimiento favorito del compositor, y honestamente, es el preferido de quien escribe este sencillo artículo.
El cuarto movimiento marca el regreso a la atonalidad, con rasgos provenientes del segundo movimiento. El pizzicato en las cuerdas da una incierta delicadeza al movimiento, al igual que las melodías en el arpa y la flauta. Sin embargo, la calma se disipa con los timbales, ya que dan una sensación de tormenta que se avecina.
Y eso sucede, pues entra de inmediato el quinto y último movimiento, con una fuga entre las cuerdas. Violas, segundos violines, violonchelos, primeros violines y contrabajos comienzan la secuencia, que da una sensación de pesadez. Este final entra a la mente, barriendo con cualquier pensamiento que se tiene en ese instante. Sin embargo, con los trémolos se vuelve a la angustia del primer movimiento. ¿Será parte de la música de una pesadilla? No se sabe, pero cuando menos se espera, los bronces tienen un ritmo jocoso, junto a los tresillos que se ejecutan. Al final, el volumen es tal que cada nota, cada pulso parece un cañonazo. Así termina una obra que desde la primera nota atrapó al público.
Fue una noche de coraje y voces, de magia e innovación. Era difícil imaginar qué resultaría en el concierto, ya que la música contemporánea es, por así decirlo, impredecible. Ciertamente es un evento memorable, no sólo por ser un recital de grado, sino por demostrar que no todo está escrito en este gran arte.
-Andrea Ariza Acevedo
SdP
Muy bien andrea!!! espera mi comment sibre el concierto de la sinfonica.
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